Resulta que me presenté en Costa Dorada habiendo perdido el swing. No recordaba dónde lo había dejado, y tuve que jugar sin él, protagonizando una de las vueltas más lamentables de mi vida y quedando el último en el torneo (puesto éste muy competido).
Me he pasado la semana buscándolo por casa, en el dormitorio, en el salón, y nada. Estos dos últimos días he madrugado para ver si lo encontraba fuera de casa. Y por fin, esta mañana, lo he encontrado. Le he mirado a la cara, me ha sonreído, burlón (el muy cabrón), le he agarrado por el pescuezo y me lo he comido enterito. A ver cuánto me dura hasta que se vuelva a escapar.
¿Que dónde estaba?
En el campo de prácticas.








