Soy socio del CCVM, y me gustaría aclarar algunas cosas
Lo de la granja escuela es una ocurrencia escrita por un perroflauta con pocas luces y demasiada bilis, en la web de ahora madrid. Tal idea obtuvo la asombrosa cifra de 19 apoyos: su perro, su flauta y tres fumados más. Lo que pasa es que luego llegan tres periodistas con poco tiempo y extienden el bulo.
El programa de Ahora Madrid no recogía, naturalmente, esa tontería. Es como pretender hacer manteles con las Meninas. Simplemente hablaba de una revisión de las condiciones de la concesión del CCVM, concesión vigente hasta el 2025.
Al parecer lo que no gusta al partido es que el Ayuntamiento tenga que haber pagado por el uso de un estanque de tormentas.
Las referencias a la aristocracia como usuaria del complejo son la típica sandez clasista y poco inteligente que caracteriza a esta gente populista y poco enterada. Como que el golf es de pijos, los empresarios son malos, los catalanes malísimos... lo de siempre: lugares comunes que no tienen pies ni cabeza.
Se dice que el club es para disfrute de pocos. Aunque la titularidad sea parcialmente del ayuntamiento, esto no obliga a que sea de disfrute de todos. Yo no puedo usar la sede del ayuntamiento para una fiesta, no puedo ir a la opera sin pagar o a los teatros públicos. Cuando quiero usar una instalación como una pista de padel de un polideportivo municipal, tengo que pagar. Y si esta cogida pues no puedo jugar.
El club da beneficios (para el ayuntamiento), da empleo (250 personas), ha mejorado sensiblemente su gestión en los últimos años y ya no permite que mucha gente se cuele (como antes). Más de 4000 socios nuevos en dos años (que pagan religiosamente cada mes). Por eso es tan dificil acceder a ser socio. Obviamente además hay demanda de golf en la capital. La entrada es libre para quien quiera jugar (entre semana el campo diría que es hasta barato). Y si hay lista de espera de más de 20 años lo que significa es que es una instalación valiosa y bien gestionada.
Igual algun envidioso lo quiere convertir en la casa de campo: una zona verde degradada, ocupada por putas, con muchos restaurantes icónicos en ruinas. Esta es la gestión pública, de todos: la nada.















